sábado, 16 de mayo de 2009

Visite nuestro bar

Qué grande es la sensación de tener un bar. No me refiero a ser el dueño, si no el bar al que vas habitualmente. El bar en el que te sientes como en casa. Sí, sí, ese bar en el que te tratan como a un rey, y en el cual tu ya te mueves como pez en el agua.

Me encanta llegar los domingos bien prontito, a las 13:00, al bar, llamémosle "chirri". Ahí están ya algunos de mis amigos y, tras la barra, el gran Diego, su madre o su hermano. Apretón de manos muy cordial, clásicas preguntas tipo "qué tal la semana", "cómo crees que quedaremos esta tarde", "espero que ganemos, aunque bueno con el atleti ya se sabe", etc, etc.

Primera cañeja, con su correspondiente tapita, ¡qué grande eres Madrid! Otra cañita y otra tapita mientras nos ponemos de acuerdo sobre qué raciones pedimos. Yo siempre pujaré por los chopitos y casi siempre me salgo con la mía. Si no, unas bravitas, calamares, gambas...da igual lo que pidamos, porque siempre quedamos agusto.

Una vez comidos, un digestivo: algunos tomarán un pacharán fresquito de transición, mientras otros ya se animarán con un buen gintonic. Últimamente, parece que el Bombay Saphire es el que más nos tira. Y después de esto, toda la tarde cubateando, charlando, echando pasta a la máquina, comentando la jugada con el gran Diego, recibiendo a los que poco a poco se nos van uniendo, etc. Así hasta que empieza el partido.

Nunca me había preguntado cuál era el secreto de Diego y su familia para haber llegado a conseguir crear ese gran bar, esa gran casa. Pero el otro día, comiendo en su comedor, una pareja que comía en la mesa de al lado me dió la solución. Negocio familiar, trato personal, pero sin mariconadas ni etiquetas innecesarias, buena comida, tradicional, bien trabajada, servicio muy rápido, precios económicos, posibilidad de comer de menú, de raciones, de bocatas, etc, etc.

Y es que, es así. Hace unos meses, me quejaba de el trato recibido en aquel restaurante indio. El "chirri" es todo lo contrario. Llegas y de un plumazo miras en la pizarrita que hay en la puerta el menú. Aunque sabes que todo estará riquísimo, lo vas mirando, aunque sólo sea por costumbre. Saludas a Diego, le dices que quieres comer, te dice que pases al comedor sin perder tiempo, y su hermano te sienta y te dice rápidamente lo que hay ese día. Sin florituras ni cosas de esas. "Quiero una ensalada de pollo, solomillo a la pimienta y vino con casera". "Ok, ahora mismo". Toma castaña, en menos de 1 minuto, ya tienes tu botellita de vino y tu pan, y pasado otro minuto tu ensalada, bien fresquita y aliñada y, por supuesto, bien buena. Según has terminado y tras esperar un momento de cortesía, el camarero te retira el plato, y acto seguido tienes el segundo....Bien calentito, solomillo tierno, buena salsa y patatitas recien fritas...Mu rico, señores. Terminas y en seguida el postre, también muy bueno. Como colofón, chupito digestivo a cuenta de la casa. Y miras el reloj y, a no ser que te lo hayas tomado con calma, has comido como en tu propia casa en media hora.
Es el mesón, bar-restaurante o como quieras llamarlo de toda la vida...Lo que en Italia sería una Trattoría. Además en nuestro bar, todos son del Atleti. Lo indica la clientela, y cómo no, su decoración, de las más rojiblancas que conozco.
¡Qué ganas de volver!

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